Manos adultas abiertas soltando algo, con luz suave de fondo

Tu madre no fue perfecta. Ese era exactamente el punto

Hay una generación entera revisando su infancia con lupa. Cada descuido, cada frase dicha de más, cada vez que nadie llegó a tiempo. Y la conclusión, casi siempre, es la misma: me faltó algo.

Winnicott, que fue pediatra antes que psicoanalista y vio a miles de bebés, propuso algo que va contra esa idea. La madre que un niño necesita no es la perfecta. Es la que él llamó suficientemente buena.

Al principio sí, después no

Un recién nacido necesita una adaptación casi total. Que el hambre se calme antes de volverse desesperación, que el frío se resuelva, que alguien traduzca el llanto. Durante unas semanas, la madre suficientemente buena es casi perfecta, y eso está bien.

Lo interesante es lo que sigue. Poco a poco, y sin proponérselo, empieza a fallar. Tarda un minuto más. Está cansada. Tiene otro hijo. Tiene su propia vida.

Y esas fallas pequeñas, graduales, en dosis tolerables, son las que construyen algo.

Fallar es lo que crea el mundo

Mientras todo llega antes de ser pedido, no hay diferencia entre yo y el mundo: el deseo y su satisfacción son la misma cosa. Es cuando algo tarda que aparece la distinción. Ahí hay un afuera. Ahí hay alguien que no soy yo. Ahí empieza a haber deseo, porque el deseo necesita una falta para existir.

Una madre que no fallara nunca dejaría a su hijo sin bordes. Sin espera no hay pensamiento, porque pensar es lo que hacemos mientras esperamos.

La diferencia entre fallar y abandonar

Esto no es una absolución general ni una excusa para el descuido. Winnicott hablaba de fallas dentro de un entorno confiable, no de negligencia, violencia o ausencia sostenida. Esas no forman: rompen.

La diferencia está en el fondo. Una falla suficientemente buena ocurre sobre un piso que sigue ahí. El abandono es que el piso no esté.

Lo que esto cambia para ti

Si estás revisando tu historia, la pregunta útil quizá no sea qué te faltó, sino qué hiciste con lo que sí hubo.

Y si eres madre o padre, algo que puede quitar un peso: no tienes que hacerlo perfecto. De hecho, no deberías. Tu cansancio, tus límites y tus errores razonables son parte de cómo tu hijo va a descubrir que existe un mundo que no gira a su alrededor.

Entradas similares